Hombres buenos

Confieso que no soy seguidora acérrima de Pérez-Reverte. Sí, muchos de sus artículos han caído y un par de libros también, pero quitando al capitán Alatriste no sería capaz de recordar el nombre de ninguno de los personajes de sus libros. Pero cuando escuché que su nuevo libro, Hombres Buenos, hablaba de la RAE y de la Enciclopedia, una pequeña obsesión nació dentro de mí. Sí, soy “de esa clase de personas” y todo lo que tenga que ver con la RAE me vuelve bastante loca. De hecho, hace algunos años, en la última noche en blanco que se celebró en Madrid, tuve la oportunidad de visitarla (después de tres horas de cola, todo hay que decirlo).

Intenté participar en el sorteo para conseguir un libro que organizó la editorial Alfaguara en Twitter. Iban dando pistas sobre lugares importantes de la novela y si lo adivinabas e ibas a ese lugar, encontrarías a un representante de la editorial con un libro para ti. El problema es que no adiviné ninguna…así que me tocó esperar un poco más para tener el libro. Sin embargo, una amiga mía tuvo mejor suerte y ganó un par de entradas para asistir a la presentación del libro (¡y a un encuentro privado con Reverte!) en la Fnac de Madrid.

Así que…¡dicho y hecho! El pasado miércoles pude asistir a la presentación. Cuando llegué a la fnac vi muchísima gente haciendo cola para entrar a la presentación, todo estaba lleno de personas con el libro en sus manos y en la última planta todo estaba dispuesto para la firma de libros, donde ya había gente esperando a pesar de faltar unas tres horas y pico. La presentación empezaba a las nueve y a eso de las ocho y media nos pasaron a mi amiga y a mí, junto con otros diez socios seleccionados, a una especie de camerino donde nos recibió Pérez-Reverte en persona. Yo aún no me había leído el libro, así que poco podía preguntar, pero enseguida la conversación se des11084041_10155544678435413_1726514071751870554_ovió de las páginas del libro y se centró en el estado de la cultura y las letras en España. Charlar con alguien de la talla de Reverte es un placer, pero cuando hay tanta verdad y tanta tristeza en sus palabras ya no lo es tanto. Durante nuestra pequeña charla, y posteriormente en la presentación general, Reverte insistió en la pobreza de la cultura española y culpó, entre otras cosas, a la pésima educación que recibimos. Le pregunté si se podía hacer algo, y su respuesta me encantó. “Dadles libros a los niños: que jueguen con ellos, los lean, los pinten, los rompan, construyan cosas…pero que se rodeen de libros”. La verdad es que no puedo estar más de acuerdo con él. Terminamos nuestro encuentro privado con una firma (¡y menos mal porque si no luego tendríamos que haber esperado ni se sabe cuánto!) y, cómo no, con una foto.

DSC_1218En la presentación, guiada por el periodista y poeta Antonio Lucas, Reverte habló de los pocos hombres buenos a los que conoce. Los hombres buenos del libro iniciaron un viaje buscando la Enciclopedia, ese libro destinado a traer libertad y progreso a España. Siglos después, en palabras del propio Reverte, habría que ir a Francia a buscarla de nuevo. En la antigüedad, los hombres no tenían más opciones: tenían que ir al campo a trabajar, tenían que sacar a sus familias adelante y, desde luego, no contaban con tantos medios como ahora. Nosotros tenemos en nuestras manos la posibilidad de elegir, de estudiar, de formarnos, de viajar, de leer, de continuar aprendiendo… Tal y como dijo Reverte “quien ve Sálvame antes que Salvados es porque quiere”. Gobierno tras gobierno han pasado ministros de educación que no han hecho más que cambiar leyes sin pararse a pensar en cómo educar a las nuevas generaciones.

Reverte habló de cómo en otros países el pueblo ha sabido cambiar su destino y no ha olvidado su historia. Nosotros, dice, olvidamos la nuestra y así olvidamos también la cultura. La verdad es que no podría elegir solo una de las frases con las que nos deleitó, pero me quedo con estas: “El día que los libros se acaben seremos pasto de los bárbaros” y “Sin libros no hay cultura”.

La verdad es que fue una noche de 10, muy bien acompañada, con música en directo de Ara Malikian, con duelo de espadas incluido y, sobre todo, con mucho sobre lo que reflexionar.

No me pude resistir y esa misma noche lo empecé.
No me pude resistir y esa misma noche lo empecé.

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